BLOG

Buscar
  • José Antonio Ces Franjo

Magia

Actualizado: 31 de ene de 2019

Hace unos años decidí escribir un libro que acercase la tecnología a todas las personas. Me impuse la tarea de hacerlo accesible y creo que lo he conseguido. "Magia" es el resultado de todo ese trabajo. Aquí te dejo el prólogo del libro para ver si te convenzo para que lo compres. Te aseguro que no te defraudará.



La magia no existe.


Puede que ésta no sea la mejor manera de empezar un libro con este título. Pero soy amigo de la verdad y no tengo alternativa. Para que quede claro desde un principio, cuando digo “magia” me refiero a lo inexplicable. A lo que sucede sin estar respaldado por alguna razón lógica. A lo que sustenta el trabajo de los prestidigitadores y de los magos de circo. Detrás de sus actos siempre hay un truco. Una explicación. Lo siento, amigos. Siento desvelar vuestro secreto. Pero nuestro lector debe ser consciente de que no hay magia, sino ciencia, detrás de todo lo que les voy a contar. Si no descubro esto, difícilmente podré seguir escribiendo.


Todo tiene una explicación. Y, como ingeniero que soy, he perseguido estas explicaciones durante toda mi vida. Soy incapaz de no destornillar una máquina para ver cómo es por dentro. Está en mi ADN. Mis hermanos son iguales. Y, como yo, también son ingenieros. Así que algo genético habrá en ello. Algunas de esas preguntas que me hago, todavía no tienen respuesta. La tendrán. Porque debes saber que hoy no tenemos todas las respuestas. Hay incluso dudas que están por plantear. Pero esta convicción mía, por la que detrás de cada suceso hay algo que lo explica, no siempre estuvo así de clara en mi cabeza. Porque también fui niño. Y en aquella época me maravillaba por la “magia” que se escondía detrás de determinadas cosas. Algunas de estas inquietudes estaban muy relacionadas con lo que ha sido luego mi profesión. Pero otras eran más genéricas y dispersas. Inquietudes, estas últimas, que seguramente también te maravillaron a ti en tu infancia. El arco iris, las estrellas, las nubes, la luna, la nieve. Magia por doquier.

"Todo tiene una explicación. Y, como ingeniero que soy, he perseguido estas explicaciones durante toda mi vida."

He dedicado mucho tiempo de mi vida a entender qué es esto de las telecomunicaciones. Qué secretos entraña. Con posterioridad a mi etapa universitaria, me he entretenido en profundizar en ciertas cosas. Materias que durante la carrera quedaron difusas e inconexas. Un mejorable plan de estudios, una capacidad desigual del profesorado y alguna que otra caña, hicieron que la inquietud de mis años universitarios quedase medianamente insatisfecha. No disponer de Internet para poder acceder a mucha información que hoy está al alcance de todos, tampoco ayudaba mucho. El Internet de entonces, esto es, los libros, escaseaban en lo que a este tipo de materias se refiere. Y cuando dabas con uno que atacaba alguno de sus flancos, era tan árido, profundo y caro que lo hacía accesible tan sólo a su autor y, como mucho, al colectivo de estudiantes de esa asignatura. Porque solían ser libros de estudio. Libros de texto. En marketing a eso se le dice “de nicho”. Para muy pocos, vamos.


Mi interés por “teleco” deriva de muchas cosas, porque la vida no es tan simple. Pero destaca, entre todas ellas, una de esas inquietudes de la infancia. Comprender cómo alguien puede oír la voz de otra persona que está a miles de kilómetros de distancia. Cuando yo era un niño mi padre tuvo que pasar una temporada en Canadá. Llamaba poco porque en aquella época las distancias lo eran de verdad. Pero de vez en cuando mi madre nos ponía al teléfono. Poco tiempo, porque costaba mucho dinero. Era sorprendente. No sólo oír la voz al otro lado del hilo, sino poder mantener una conversación en tiempo real con mi padre. Costaba trabajo, al dejar de oír a mi padre, pensar que no estaba allí. El teléfono era magia. Al menos para mí lo era. Y diréis, pues vaya magia más cutre. Quizás. Pero es necesario que circunscribamos todo a ese momento en el tiempo. Un momento tecnológico muy diferente al actual. Estábamos en la década de los 80. En el siglo XX todavía. Hace unos 40 años. El teléfono de entonces no era como los de ahora. Ni mucho menos. Era un teléfono “fijo”. Que no tenía pantalla, ni memoria, ni juegos. Ni mensajes, ni datos. Ni WhatsApp, ni Twitter, ni Instagram, ni Facebook. Un aparato que servía “sólo” para hablar. Y punto. Poco tecnológico para la época actual. Pero no para aquel tiempo. La cosa es que, entonces, la “magia” del teléfono me llamó la atención.

"El teléfono era magia. Al menos para mí lo era."

Déjame un momento de poesía al respecto y luego vuelvo de nuevo a las matemáticas. Hay una reflexión que puede ayudarte a entender con algo más de detalle ese interés que nació en mi en aquel momento. Cuando apareció el teléfono, ya existía el telégrafo. Sí, lo de los telegramas. Los puntos y las rayas. ¿Te suena? Te aporto un poquito de historia, aunque no voy a entrar en mucho detalle por el momento. Simplemente ubicártelos en el tiempo. El teléfono es un invento de la segunda mitad del siglo XIX, mientras que el telégrafo proviene de mediados del siglo anterior. Es decir, que la gente ya se comunicaba a distancia. Esa necesidad estaba salvada. Pero la comunicación que permitía el telégrafo carecía de todo atisbo de personalización. Sin matices más allá del contenido. No había diferencia entre un joven declarando su amor a su amada y alguien transmitiendo el fallecimiento de un allegado. Puntos y rayas. Puntos y rayas transmitidos por un telegrafista. El telégrafo, definitivamente, no permitía incorporar la emoción a una comunicación. Te la podías imaginar, pero no podías escucharla. Y como además se cobraba por el número de caracteres trasmitidos, los mensajes tendían a ser bastante exiguos: “Estimado stop llegaré mañana stop adiós stop”. Todo un reto extraer algún tipo de intención más allá de la visita. Más que comunicación era supervivencia. El hecho es que el teléfono abrió un nuevo plano más allá de la pura comunicación. La emoción. La realidad del directo. Y aquí aparece la poesía previa al algoritmo. A mí esto me resulta diferencial. Un salto cuántico. Algo que determina un cambio completo en la dinámica de las relaciones entre las personas. La emoción trascendiendo las distancias. Algo completamente sorprendente. Pura poesía, insisto. Pero volvamos a las matemáticas de nuevo.


Si con los medios que hoy tenemos para aprender, la mayoría de las personas desconocen qué tecnología o tecnologías se ponen en marcha cuando alguien descuelga un teléfono, no puedo ni imaginarme el respingo que debió dar el primer ser humano que escuchó la voz, emoción incluida, al otro lado del aparato. Estoy seguro de que se agachó buscando el truco. Que miró dentro del armario. Que levantó la alfombra. No daría crédito. Aquello tuvo que parecer magia de la buena. Seguro que la voz que escuchó estaría bastante deteriorada, porque la tecnología de entonces no permitía muchas “goyerías”. Pero tuvo que flipar. Tuvo que sentir que todo había cambiado. Tuvo que sentir algo mágico. En este libro te voy a llevar de la mano para explicarte esa tecnología que hay detrás del teléfono. Y alguna cosa más. Porque las cosas han cambiado mucho desde esa primera inquietud que yo sentí en aquellos años 80. Años en los que se llamaba a las casas y no a las personas. Años en los que la televisión se veía en blanco y negro. Años en los que los videojuegos estaban en los bares. Desde entonces, la tecnología ha avanzado de manera asintótica. Parece mentira, incluso para los que lo hemos vivido, que hace veinte años los móviles fueran un artículo de lujo, o que hace poco más de un cuarto de siglo no existiesen ordenadores ni en las casas ni en las empresas. Cuesta trabajo imaginarse cómo se hacían las cosas. La tecnología avanza a pasos agigantados con respecto a otras ciencias. Y de hecho esta evolución ayuda al resto de la ciencia a avanzar. Y a lo que no es ciencia. La tecnología es la sangre que recorre el mundo de hoy, llevando oxígeno a todos sus huecos para insuflarle la vida. Pocas cosas son ya comprensibles sin la tecnología. Lo va absorbiendo todo poco a poco. Lo analógico se vuelve digital. Y lo físico virtual. Esto hace que los avances, que se han producido desde aquel teléfono “fijo” que despertó mi inquietud, sean enormes. Muy grandes. Así que hoy la magia es mucho mayor y se extiende a muchos más planos.

"En este libro te voy a llevar de la mano para explicarte esa tecnología que hay detrás del teléfono. Y alguna cosa más."

Pero para poder contarte qué “magia” hay detrás de una llamada telefónica o de todo ese nuevo mundo que emerge detrás de esos avances, antes tengo que explicarte algunas cosas que, siendo básicas para los que nos hemos orientado hacia este lado del mundo, no lo son para el común de los mortales. Son cosas que no están en la cabeza de todos a diario. Pero sí en su día a día. Porque nadie ni nada escapa ya a todo esto. Todo el mundo lo usa, pero no todo el mundo puede explicarlo. Algunas de estas cosas son materia escolar. Porque son fundamento de muchas otras que luego se explican en cursos más avanzados o en la universidad. Recordarás algunas. Otras no. Pero tranquilo que para eso estoy yo aquí. Para llevarte despacio y con buena letra hacia la comprensión de cómo nos comunicamos o, mejor dicho, cómo nos “telecomunicamos”. Decía Albert Einstein que “si no lo puedes explicar con simplicidad, es que no lo entiendes bien”. Yo he pasado una gran parte de mi vida entendiendo qué fundamentos científicos hay detrás de los principales medios de comunicación y de las tecnologías de la información. Su origen y su historia posterior son claves para coger las bases, muchas veces difuminadas por la complejidad de los aditivos que la innovación ha ido incorporando a cosas muy simples. Me queda por delante la tarea de llevar todo este conocimiento a un plano de simplicidad que he intentado sea máxima, para que cualquiera pueda acceder a él. Siempre teniendo en cuenta que muchos de los conceptos que se manejan no son fáciles de entender. He aprovechado que tengo una hija de trece años con una mente inquieta y un espíritu positivo que da muestras de un potencial muy alto si la pubertad no le traiciona. En ella me he apoyado, valiéndome de su interés por la ciencia para que no deje que me pierda en complejidades innecesarias. Ella ha leído y corregido muchos de los capítulos, dándole de esta forma al libro, la cercanía que creo que necesita una aproximación a la ciencia de estas características. Un libro para todo el mundo. Que diseccione en sus aspectos fundamentales una carrera que a mí me la hicieron compleja mis profesores, la mayoría de los cuales no buscaban enseñarme, sino cubrir el expediente. Como siempre honrosas excepciones. Pero en general un profesorado poco cercano. Adriana no firma el libro conmigo porque no ha querido robarme el protagonismo. Pero sin ella no habría podido escribirlo tal cual está. Mis hijos son uno de los motivos principales de este proyecto. De este libro. Un libro que espero les ayude a ellos, y a todos los que decidan leerlo, a elegir caminos de desarrollo personal basados en querer saber el porqué de las cosas. Querer buscar la razón detrás de la magia. Los niños quieren magia. No es mi intención quitarles la ilusión. Pero sí que sean lo suficientemente listos como para saber que detrás del prestidigitador hay un truco. Una manipulación. Que las cosas no suceden solas y que la base del éxito es el trabajo. El esfuerzo por aprender. La capacidad de razonar. La disciplina de preguntárselo todo para poder aspirar al máximo.


Como conclusión, alguna orientación al lector. Este libro es un libro de ciencias. He intentado hacerlo asequible a cualquiera, pero no deja de ser un libro de ciencias. Por lo tanto, hay partes que son más áridas que otras. Lo lógico es leerlo en orden, pero hay capítulos que se pueden abordar perfectamente aislados. Especialmente cuanto más nos acercamos al final, porque las bases fundamentales están al principio. Lo he organizado en seis actos, porque soy amigo de la teatralidad. Los protagonistas de estos actos son, por este orden, la electricidad, el teléfono, la televisión, el ordenador, nuestro presente tecnológico y una visión de un futuro potenciado por la tecnología. Estos platos principales van condimentados con mil salsas que ayudan a digerirlos mejor. Así, para llegar a la electricidad tendremos que hablar del átomo, del electrón y de la energía. Para llegar al teléfono pasaremos por el telégrafo y profundizaremos en los fundamentos del sonido. Llegaremos a la televisión pasando por las particularidades de la radio y por cómo el ser humano percibe el color. Por el electromagnetismo y por los satélites. El ordenador supone toda una transformación de la sociedad, así que le he dedicado varios capítulos para que entiendas todas sus partes. El quinto bloque aborda algunas innovaciones tecnológicas que forman parte de nuestro presente, y he dejado para el final aquellas materias que, en mi modesta opinión, serán determinantes en nuestro futuro más inmediato. Seguro que habrá más muy pronto. No están todas las que son, pero sí son todas las que están. Estoy seguro. Para ayudar en la digestión del libro he utilizado muchos dibujos. Creo que mejoran la comprensión de algunas cosas que son complejas. Porque, por mucho que yo me empeñe en simplificar las cosas, no siempre se puede. Estas aproximaciones gráficas ayudan un poco más.

"Los protagonistas (...) son, por este orden, la electricidad, el teléfono, la televisión, el ordenador, nuestro presente tecnológico y una visión de un futuro potenciado por la tecnología."

Arrancamos ya. Empezamos con lo más pequeño. Con lo indivisible. Con lo que yo creo que debe ser el comienzo. Iniciamos un viaje que espero que no te decepcione, y en el que simplemente aspiro a que no me abandones hasta llegar al final. Que pasemos un rato juntos aprendiendo y recordando cosas. Ten en cuenta que lo bueno siempre está en el viaje, y que no hay prisa por llegar. Si tienes presente esta máxima, estoy convencido de que nos haremos amigos. Tenemos por delante treinta y tres capítulos. Si lees uno al día habrás dedicado un mes de tu vida a asimilar conceptos que te valdrán el resto de ella. No me parece mucha inversión para el retorno que tendrá. Así que espero que encuentres un ratito para apartarte de tu quehacer diario y acercarte a la ciencia. A la tecnología que tan indispensable ha sido, es y será. Conocerla te ayudará a ver las cosas de otra manera. Con la “magia” que supone vivir la vida desde un conocimiento que te hará mejor y que te aportará una mayor capacidad para abordar las cosas que, no siendo ciencia, se apoyan en ella.


¿Preparado?


Pues vamos a ello.


¡Bibidi-babidi-bú!

0 vistas
  • LinkedIn - Círculo Negro
  • Twitter - Círculo Negro
  • Facebook - Círculo Negro

Room714 © 2019

Madrid | Spain